El día de hoy asistí a un foro sobre el uso de las tecnologías móviles en salud. Vi que ya existe evidencia ( aunque no mucha) sobre el uso de celulares para mejorar los sistemas de administración, de recolección de datos y porque no decirlo, nuestro estado de salud actual.
La base de toda esta revolucionaria intervención son los mensajes de texto, por lo que da exactamente lo mismo tener un ladrillo monofónico que un I-phone 4, lo cual es bastante alentador desde el punto de vista del acceso y la equidad.
En una primera instancia, se han usado celulares para llevar a cabo encuestas en salud y así establecer por ejemplo, los hábitos alimenticios de cierta cohorte. Por otra parte, muchos sistemas previsionales de salud, incluyendo FONASA, usan el mensaje de texto para agendar horas médicas y dar indicaciones sobre el consumo de medicamentos.
Todos lo expositores de la jornada plantearon la siguiente interrogante: ¿por qué si en Chile hay 17 millones de celulares nos cuesta tanto implementar este tipo de tecnología? La respuesta podría estar del lado del planteamiento de las políticas públicas, partiendo por la educación: es una tarea titánica incorporar las TIC al currículo y una de las variables implicadas es justamente que no hemos enseñado a nuestros niños que la tecnología es parte de la vida y no solamente un juguete. Los estudiantes se quedan pasmados cuando les decimos que la lavadora tiene dentro un computador, que los cajeros automáticos son computadores y que los celulares también los son.
En este contexto, entendiendo la ubicuidad de los computadores de hoy, no sería difícil que integráramos la tecnología a ámbitos como la salud y la educación.
Antes de finalizar el foro planteé una pregunta a los expositores sobre el m-learning, disciplina poco explotada y muy interesante, pero me acordé de las veces en que los chicos llevan los celulares al colegio y los profesores se los prohibimos y se los quitamos...